miércoles, 18 de abril de 2012

Las razones del apoyo kirchnerista a la venta de YPF en los '90



No fue el responsable de la privatización de YPF ni mucho menos fue su impulsor. Pero sí, Néstor Kirchner, estaba muy entusiasmado con su venta. Tenía grandes expectativas y grandes necesidades de que eso sucediera, y para eso fue quien mas trabajó para convencer al resto de los gobernadores y legisladores de que había que transferir la empresa estatal al capital privado. Hasta llegó a decir que, por este logro, Carlos Ménem había sido el mejor presidente de la historia. Claro, esto en el surgimiento del menemismo y una década infame que en esos años nadie imaginaba que pudiera ser posible.

Tras la dictadura militar que mal trató a la economía nacional y perjudicó seriamente a las economías provinciales, el gobierno democrático radical de los años '80 no pudo hacer más que profundizar la crisis. Y Santa Cruz no fue la excepción. Fue una de las provincias más perjudicadas por las desacertadas políticas económicas nacionales de los últimos quince años. Por más buena que pudiera ser la gestión provincial del entonces gobernador Néstor Kirchner, las arcas de la provincia se achicaban cada vez mas. La petrolera estatal YPF le debía a Santa Cruz regalías por casi u$s 500.000.000 y otras sumas, siendo la explotación del combustible la principal actividad económica de la región esa deuda era el mayor impedimento para que la provincia pudiera salir adelante. Fue entonces cuando, emprendido en deshacerse a cualquier costo de la empresa, el presidente Carlos Ménem intentó convencer a Kirchner de que era la única opción para poder entregar el dinero adeudado. Como YPF no contaba con fondos para saldar las deudas a las provincias, con su eventual venta el dinero aparecería. Era imposible que Santa Cruz generara esos fondos por sus propios medios, como lo era también que una YPF estatal desvastada pagara sus deudas.

Surgió entonces el interés de los Kirchner. Sólo estarían de acuerdo, por su puesto, si la nueva empresa petrolífera garantizara la continuidad de las inversiones y las incrementara (algo que nunca sucedió). El compromiso de esta empresa privada incluía la realización de nuevas exploraciones, dar mas trabajo a los sanacruceños y generar más recursos (lo que tampoco sucedió). Convencida de que la privatización de YPF era una causa justa y una gran oportunidad, entre lágrimas (recordarán los medios de la época) Cristina rogaba (literalmente) a los legisladores: "posibiliten el tratamiento del proyecto de Ley de la Nación que trata sobre la transferencia del dominio público de los Yacimientos de Hidrocarburos del Estado Nacional a las provincias en cuyos territorios se encuentre en tanto se juega allí la perspectiva de futuro de nuestra Provincia ya que es aquella norma el marco adecuado para la resolución de las controversias que frente al Estado Nacional hemos tenido. Es que un conjunto de legisladores de la Cámara de Diputados de la Nación, cada uno con sus respectivas razones, vienen obstruyendo la posibilidad de que aquella Ley de Federalización de Hidrocarburos y de Privatización de Yacimientos Petrolíferos Fiscales tenga siquiera su tratamiento en esa Cámara. Como se comprenderá, ninguna argucia reglamentaria debe estar puesta al servicio de retrasar las soluciones que nuestra Provincia necesita. Del dictado de esa ley depende hoy el envío de los 480.000.000 de US$ y el pago de nuestra parte en la licitación de las áreas ya concretada".

Comenzaron entonces las gestiones del gobernador para convencer al resto de las provincias. Finalmente la privatización se convirtió en ley y surge entonces la famosa frase "el mejor presidente de la historia", en referencia a Carlos Ménem. Kirchner sostuvo que un YPF privado era positivo porque aseguraba el incremento del empleo para la provincia, nuevas y mejores inversiones, crecimiento y todas esas virtudes de la ley que por convenio debían garantizarse. Pero de todo lo bueno que tenía que pasar nada se dio. Los convenios no se respetaron, la nueva empresa no dejó de despedir a sus empleados, las inversiones cesaron y las reservas se redujeron. Un genuino espejo de lo que pasó durante toda la década menemista.

Rápidamente, por conveniencia o por convicciones, Kirchner se convirtió en el más acérrimo opositor al presidente Ménem dentro del PJ (algo que se registra en los medios gráficos de los '90). Criticó todas las medidas neoliberales implementadas entonces, criterio que mantuvo hasta el último día de su vida. Nunca se perdonó la ingenuidad de haber creído que la privatización de YPF podía ser buena, compartía su pesar tanto en privado como en público. Los convenios y las promesas nunca se respetaron y se fue de este mundo sin poder ver al Estado retomando el control de sus recursos de hidrocarburos, que era, según sus predicaba, su mayor anhelo.


El le había confiado a Torcuato Di Tella y éste lo publicó en su libro "Después del derrumbe": Somos el único país del mundo, junto con Rusia, que no conduce la explotación petrolera y sus reservas. En principio, hace falta discutir que paso después de la desnacionalización de YPF. Cuando YPF se privatizo había un paquete accionario bien fragmentado: el Estado Nacional tenia el 20 por cierto; los trabajadores bajo la forma de propiedad participada el 10 y las provincias productoras de hidrocarburos, que somos diez, el 11 por ciento. Menen decidió la desnacionalización de YPF y ahi no tuvimos mas remedio que vender para no descapitalizarnos. Antes de la desnacionalización todos participábamos activamente en las políticas estratégicas del petróleo y había una acción de oro del Estado Nacional que permitía el derecho a veto, lo que le otorgaba a la Argentina el control estratégico de su recurso energético hidrocarburifero. Para seguir sosteniendo el déficit fiscal que tenía la Argentina, se vendió, entre otras cosas, más del 51 por ciento del paquete accionario a Repsol. A partir de esta venta, se perdió la acción de oro y las provincias nos vimos obligadas a vender, e YPF se desnacionaliza, perdiendo la Argentina el control estratégico. Ese fue el verdadero problema: la desnacionalización. Por eso es necesario aprobar una verdadera ley de hidrocarburos que regule definitivamente la funcionalidad del petróleo y los instrumentos macroeconómicos, y adecuar rápidamente el funcionamiento para que podamos tener los resortes y las decisiones que corresponden a un campo tan importante para la política económica argentina.

Durante el anuncio de la renacionalización de YPF, Cristina dijo: "Lamento que El no esté para verlo, porque siempre soñó con recuperar YPF para el país". Algo de eso hubo, algo de lo otro también. Y lo concreto es que "la historia no se hace cuando uno quiere sino cuando uno puede. Con decisiones como estas se escribe la historia".

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